La historia de una cueva por la que han pasado cuatro generaciones de Jesús Andújar
Cueva del abuelo Moreno
  • año 1950
  • 12 personas
  • Calle Ronda 4, Tomelloso
Allá donde esté, el tatarabuelo de Jesús Andújar se sentirá orgulloso del cuidado y mimo que han puesto sus sucesores en la conservación de la cueva que construyera en la calle Ronda, la que une Dulcinea y Desengaño, en la zona donde más proliferan estas singulares construcciones de Tomelloso. Una cueva bodega con muchos elementos tradicionales de la antigua viticultura, llenos de encanto y solera.

Jesús Andújar se alegra de que el rico patrimonio de cuevas que tiene Tomelloso “empiece a ser valorado y apreciado cómo se merece”, de ahí que se haya implicado de lleno en una Asociación de Propietarios de Cuevas con el objetivo de promocionarlas y poder mostrarlas a los visitantes que lleguen a la ciudad. A la cueva se accede por un patio cubierto, casi en su totalidad, por una parra. Nada más bajar las escaleras descubrimos el impecable estado de conservación en el que se encuentra. Una fecha, 1975, que fue cuando se arregló, aunque evidentemente la cueva es mucho más antigua.

No hemos llegado al fondo, cuando vemos algo que nos sorprende gratamente. Junto a la entrada del sótano aparece un texto de Francisco García Pavón de su novela “El rapto de las Sabinas” alusivo a las cuevas de Tomelloso. “Desde que pusieron la cooperativa, que verifica y administra el vino de la mayor parte de los labradores medianos y picholeros, la cuevas que minan Tomelloso quedaron vacías. Son ahora calabozos de tinajas hueras. De tinajas con telarañas y sin aliento de vinazas. Tinajas sin tapaderas, ni corcho. Cuevas muertas que tal vez en un futuro serán negocios de ágapes, bailongos y magreo. Las que encerraron hecho líquido la razón de tantas vidas, y la sangre de tantas penas, ahora al faltarle la alegría de los trasiegos y el chupar de bombas, de serpientes mangueras, de catadores, corredores de vino y los amigos del amo que se sentaban en las haldas de las tinajas a pasar un rato de la vida entre paladeo y paladeo, quedarían en espeluncas olvidadas.

La riqueza de las casas de Tomelloso estaba en sus partes bajas, donde se guardaban las herencias de la familia y de la casa. Partes recónditas de la esperanza y de la lágrima, del buen rato y la comida escandiada”.

Maravillosa descripción de una cueva que todavía toma más cuerpo al encontrarnos en una que alberga nueve tinajas de cemento; ocho de trescientas arrobas de capacidad y una de quinientas.

Resulta fácil localizar muchos de sus elementos, pues la mayoría tienen un letrero puesto, lo que demuestra la inequívoca vocación de Jesús de enseñarla. El pocillo de los caldos, el sangrador, un ventilador, una bomba se trasegar…Justo en el centro aparece un cuadro revestido con baldosas de cerámica que era donde se hacía la lumbre para alejar el mortal tufo.

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  • Lunes a sábado - 13:00 a 14:00
  • 3 € / persona (menores de 12 años gratis)
  • Jesús Andújar
  • +34 618 33 44 59
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